Dios demanda mi fidelidad, no mi perfección

Durante los primeros años de mi matrimonio logré conseguir algunos reconocimientos: una maestría, ascensos de trabajo, comprar una casa y renovarla. En pocas palabras: resultados. Y con resultados podía medir mi éxito.

Después de algunos años de convertirme en mamá, dejé mi puesto en administración de hospitales. Todo mi trabajo hoy consiste en cuidar de mis hijos, nuestro hogar y las finanzas de mi familia. No tengo juntas con mi jefe donde planeamos nuestras metas de mes, ni tampoco recibo bonos, ni diplomas por mis logros.

Pero como ama de casa, rápidamente puedo inventarme formas de medir si estoy haciendo bien las cosas: qué tan limpia está mi casa, cómo se comportan mis hijos, qué tan saludables son las comidas que cocino, cómo van nuestras finanzas. En pocas palabras: una vida digna de pinterest o instagram.

Audiencia de uno

A veces se me olvida, pero mi meta en la vida es que cuando me enfrente cara a cara con mi creador, él pueda verme con ojos de satisfacción. El me vé como pura por el sacrificio de Cristo. Y él también me ha dado ciertos recursos para que los administre bien. Pero solo él es el que debe dictar en qué uso esos recursos.

En esta vida tengo solamente a uno a quién agradar, mi audiencia es de solamente uno: Dios. Y eso necesito recordármelo constantemente.

Debo llamarle a las cosas como son

Mi deseo de éxito en la maternidad no es incorrecto. Dios me dió un trabajo y quiero ser fiel y hacerlo bien. Pero ese deseo pronto puede convertirse en perfeccionismo. Este perfeccioniso no es simplemente un deseo puro de hacer un buen trabajo, sino que viene con orgullo (como si tuviera una reputación que mantener). Y debo llamarle a ese orgullo como lo que és: pecado. Del cual necesito arrepentirme una y otra vez.

“Altivez de ojos, y orgullo de corazón, Y pensamiento de impíos, son pecado.” Proverbios 21:4

El evangelio me dá libertad

El evangelio me ha liberado de una vida dónde yo soy la reina, dónde yo creo que merezco reconocimiento y alabanza o de una vida estresada por lograr ciertos estándares. Dios ya me ama, no por quien soy o por quien voy a ser. Él me ama por que así él lo quiso y si yo he puesto mi fe en el sacrificio suficiente de Jesús, él me ve como a una hija, con ojos de amor. El evangelio me libera para vivir una vida que dá gloria solo al Rey verdadero: Jesucristo.

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Filipenses‬ ‭2:3-8‬ ‭

Oración:

Padre celestial,
Perdóname por querer reconocimiento, por querer ser admirada en mi trabajo de madre, eso es idolatría. Ayúdame a vivir en la libertad que me ha dado Cristo para ser una sierva fiel y que solo me importe lo que tú piensas de mí. Ayúdame a redefinir lo que es el éxito en la maternidad: fidelidad a tí. Y a hacer este trabajo por amor a mi prójimo (mis hijos y esposo), no por deseos de reconocimiento y admiración.
En el nombre de tu Hijo, Amén.

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