Día 4: El propósito de la Navidad es mostrarnos el amor de Dios a través de Jesús

Fotografía tomada del libro “For such a time as this” de Angie Smith, ilustraciones por Breezy Brookshire

Día 4: El propósito de la Navidad es mostrarnos el amor de Dios a través de Jesús

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Romanos 8:38, 39

Cuando tu pones tu fé en el, el te hace su hijo. Y nada puede separarte de su amor. Confía en esta verdad.

Padre, ayúdame a confiar que tu me amas, siempre. Aún cuando fallo, aún cuando no te sigo de la manera mas fiel. ¡Gracias por que tú eres fiel siempre!

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Día 3: La Navidad existe porque Dios quiere estar presente en tu vida

Día 3: La Navidad existe porque Dios quiere estar presente en tu vida

“He aquí la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa, Dios con nosotros.” Mateo 1:23

¡Gracias, Dios, por querer estar conmigo!

Gracias por tu presencia en mi vida, por tu compañía, por tu amistad, por tu cercanía a pesar de mis imperfecciones, de mis errores, de mi pecado. 

Ayúdame a no tomar a la ligera el hecho de que estas conmigo. ¡Que tu presencia me dé gozo! 

Y ayúdame a responder en reverencia y en búsqueda de santidad.

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Día 2: Dios planeó la Navidad hace mucho tiempo atrás

Día 2: Dios planeó la Navidad hace mucho tiempo atrás

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” Isaías 9:6

700 años antes de que Jesús naciera, Dios anunció que Jesús vendría en forma de bebé a través del profeta Isaías. Por eso celebramos Navidad con el nacimiento: Jesús en un pesebre.

Gracias Dios por cumplir tu promesa de enviar a Aquel que me traería la paz contigo. Gracias por darme paz en medio de un mundo tan lleno de ansiedad. Quita mis preocupaciones y ayúdame a confiar en que tu tienes mi vida bajo tu cuidado. En Cristo Jesús, Amén.

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Día 1: La Navidad existe porque Dios es bueno

“Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” Génesis 1:31a

Toda la creación de Dios es buena. Porque su corazón es bueno, todo lo que el hace es producto de su bondad.

La Navidad existe porque Dios es bueno y el solo da buenos regalos a sus hijos.

“¿O qué hombre hay entre ustedes que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¿cuánto mas su Padre, que esta en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?” Mateo 7:9-11

Gracias Padre celestial por ser bueno. Dáme un corazón bueno que quiera dar buenas cosas a los de mi alrededor. En Cristo Jesús, Amén.

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Mi oración a mitad del día

Hoy en la mañana estaba orando pidiéndole a Dios que me ayudara a confiar en él y no obsesionarme con mis hijos. A no hacer ídolos de ellos. Pero a mitad del día mi oración puede ser totalmente diferente:

Dios, ayúdame a amar a mis hijos como tu los amas. Ayúdame a mostrar misericordia y gracia así como tu los muestras a mí. 

Ayúdame a ser amable, paciente, gozosa…lenta para la ira.

Salmos 86:15

“Más tu Señor, Dios misericordioso y clemente. Lento para la ira y grande en misericordia y verdad.”

Ayúdame a recordar que el aprender a obedecer no es algo natural. Que sus corazones tienen que ser transformados por tí. ¡Transforma sus corazones! Rompe el poder del pecado en ellos. Hazles comprender que son esclavos del pecado y necesitan que tu los rescates.

¡Qué gran privilegio me has dado de poder guiarlos! Ayúdame a ser paciente en el proceso que estás llevando a cabo en ellos. Ayúdame a ser diligente en enseñarles la verdad. 

Dame un corazón de servicio. Ayúdales a entender que tu eres el único Rey. Y en las situaciones de caos, ruido, desobediencia, rebeldía. Ayúdame a confiar que tú estas haciendo el trabajo en ellos.

En Cristo, Jesús. Amén.

Esta es mi oración, que yo no me vea como mejor que ellos. Que yo también recuerde que yo he sido rescatada de mi propia rebeldía y en agradecimiento pueda ser paciente en el proceso de su rescate.

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la fé de Ana

Dios escucha su oración y su dolor

Estoy leyendo 1 Samuel. Ya he escuchado la historia de Ana muchas veces. Pero Dios es fiel y el nos habla cada vez que abrimos su Palabra. Su Palabra es viva y eficaz, además de útil.

En resumen, la historia de Ana es esta:

Ana es la esposa de Elcana. Elcana tiene dos esposas. Ana no puede tener hijos. La otra esposa si los tiene y se burla de Ana. En aquel tiempo la mujeres normalmente no tenían una profesión, una carrera fuera de su casa, su mayor trabajo era en la casa con sus hijos. Así es que Ana es humillada constantemente por la otra mujer de su marido.

Ana tiene profunda tristeza y llora y le pide a Dios por un hijo. Ella le hace un voto con Dios y le dice que si le concede un hijo, ella se lo va a dar para su servicio.

Dios escucha su oración y su dolor y le permite embarazarse y tener a Samuel.

Al momento de dejar de amamantarlo, ella lo lleva y lo deja con el sacerdote para que sirva ahi. Después, el libro nos dice que “su madre le hacía una túnica cada año y se la traía cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual” 1 Sam 2:19 LBLA

Ana fue fiel a cumplir su promesa a Dios. ¿Quién entregaría un niño de 3 años a un desconocido? Mas aún, ¿quién entregaría su único hijo?

Ana mostró un carácter maduro, uno que conoce a Dios y confía en el. Uno que no hace compromisos por conseguir lo que desea. Uno que confía que Dios va a cuidar de su hijo.

Yo he conocido a Dios por algún tiempo. Yo conozco su Palabra. He estudiado sus atributos. Confío que su Palabra es verdad. El aun ha sido fiel y me ha mostrado sus bondades día a día y en las situaciones mas difícil me ha rescatado.

Entonces, ¿Por qué me es tan difícil confiar que el va a tener cuidado de mis hijos?

Son innumerables las pequeñas cosas por las que me preocupo en un día acerca de mis hijos. Unas insignificantes y tontas, pero otras grandes y con mayor validez. Mi hijo, ¿va a caminar? ¿va a hablar? ¿va a poder aprender como un niño sano? ¿va a poder ir a la escuela?

Puedo pasar tanto tiempo pensando en eso o paralizándome y no tomar decisiones . O también puedo vivir sin ser productiva a lo que Dios me ha llamado poniendo todas mis energías en asegurarme que doy absolutamente todo por mis hijos. Pero Dios no me llama a eso.

Dios me llama a servir a mis hijos, a amarlos, a darles lo que necesitan. Pero no a obsesionarme con ellos.

Paul Tripp, en su libro “Parenting” dice: “lo más importante que puedes hacer por tus hijos es recordar a Aquel que te envió, y al recordar a Aquel que te envió, enseña a tu corazón a descansar”.

Señor, confieso mi falta de fe en el trabajo que estás haciendo en mis hijos. “Ayuda mi incredulidad” (Marcos 9:24). Ayúdame a ver un poco de lo que estás haciendo en ellos. Ayúdame a no obsesionarme con ellos, sino a hacer el trabajo al que tu me haz llamado fielmente.

En el nombre de Cristo, Amén.

Ana

 

 

 

 

 

 

Sobre el perdón

…he ido descubriendo que a veces aún las ofensas más pequeñas, pueden crear en mí raíces de amargura.

Hace dos semanas asistí a las conferencias de mujeres de Coalición por el Evangelio en Indianápolis (TGCW18). Una de las pláticas se llamó “¿Cómo puedo perdonar?”. Me pareció necesario asistir porque hacía algunas semanas me había propuesto trabajar en el perdón.

No es que yo tenga heridas profundas. El Señor me ha protegido de tantas cosas. Pero aún así, el perdonar no es algo que me salga naturalmente. Y he ido descubriendo que a veces aún las ofensas más pequeñas, pueden crear en mí raíces de amargura.

Perdonar es importante

Perdonar es importante para mí porque quiero ser más como Jesús:

“en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de su gracia que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia.” Efesios 1: 8-9

Patricia Saladín, durante la plática en TGCW18, mencionó que perdonar era importante por que perdonar es un mandato de Dios.

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

Jesus le dijo: no te digo hasta siete, sino hasta aun setenta veces siete.” Mateo 18:21-22

Yo no quiero ofender a Dios al desobedecer su mandato.

¿Porqué es difícil perdonar?

Una de las razones por las cuales me es difícil perdonar, es porque quiero dar una lección. Me quiero asegurar que la otra persona no vaya a cometer la misma ofensa contra mí. Quiero ver a esa persona arrepentida y con una confesión y disculpa.

Pero esa no es mi responsabilidad. Dios me dice que perdone, que no deje que el día se acabe sin que perdone (Efesios 4:26) y que perdone constantemente. Además, yo puedo orar por mi hermano o amigo que me ofendió para que Dios haga el trabajo en él.

Así es que yo quiero perdonar, y perdonar rápido. Mucho antes de que las ofensas se hagan duras y arraiguen en mi corazón.

Aquí Jesús contó una parábola (una historia con una lección):

Los dos deudores

“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.

A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.

Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.

Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.

Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.” Mateo 18: 23-35 RVR60

Dios, ayúdame a ver qué tan bueno has sido y cuánto me has perdonado de mis maldades. Yo no tengo el derecho de guardar rencor contra alguien mas. ¡Enséñame a perdonar como tu lo haces!