En el capítulo 3 de Colosenses, el apóstol Pablo nos da un mandamiento bien específico a las mujeres casadas:
«Mujeres, estén sujetas a sus maridos, como conviene en el Señor».
Colosenses 3:18
Este mandamiento no es muy popular, lo sé. Pero, ¿te haz detenido a pensar que cuando obedeces este mandamiento tan claro para ti como esposa, eres ejemplo para tus hijos y para todos a tu alrededor? Eres ejemplo de obediencia a todo el consejo de Dios, no solo a los mandamientos que te convienen. Eres ejemplo de ir en contra de la cultura cuando esta se opone a la voluntad de nuestro Señor. Y nuestras palabras al decir que confiamos que Dios es bueno y digno de ser adorado con nuestras acciones, cobran mayor peso. Aún cuando esto signifique dejar de tener lo que queremos.
¿Qué significa sujetarnos?
Sujetarnos significa someter nuestra voluntad a la autoridad de nuestros maridos. Su autoridad no es condicionada por su nivel de inteligencia o espiritualidad. Su autoridad es un rol que Dios le dio como el líder de nuestra familia. Su autoridad ni siquiera está condicionada a que tan bien esté él cumpliendo ese rol. Podemos confiar que en este mandamiento el Señor también nos quiere mostrar su bondad. Podemos confiar que Dios protege las decisiones que tomamos como pareja, el marido siendo líder y la esposa dando consejo sabio y siendo de ayuda.
Efesios 5:22-24 dice: «Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo». Como ves, este mandamiento no se trata de quién es superior, sino de funciones diferentes. Claro, este mandamiento no significa que debemos someternos a algo contrario a lo que dice la Palabra de Dios como la inmoralidad sexual o la deshonestidad en nuestros negocios. Tampoco significa que debemos someternos al abuso, el Señor ya proveyó de leyes para nuestra protección. Lo que sí significa es que cuando una decisión es neutral, cuando no se trata de si es bueno o malo, nuestro marido es el que toma la decisión y nosotras debemos apoyarlo.
El maravilloso plan de Dios
El Señor, en su hermoso plan para el matrimonio, también les dio mandamientos bien claros a los maridos: «Maridos, amen a sus mujeres y no sean ásperos con ellas» (Col 3:19). En la carta a los Efesios, Pablo lo indica otra vez: «Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella…Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como a sus propios cuerpos» (Ef 5:25, 28a).
Si marido y mujer estamos sometidos al Señor, deseamos agradarle y nos esforzamos por cumplir nuestros roles, nuestros hijos y el mundo verán que el orden que el Señor trae a nuestras familias es realmente bueno.
¿Haz fallado en este mandamiento?
Hace unos días mi hija dijo: «sí, mi mamá es más inteligente que mi papá». No lo dijo porque realmente sea así, sino porque el tono de mi voz hacia mi esposo así lo había indicado tan solo unos minutos atrás. La forma en la que le había hablado a mi esposo tenía un aire de superioridad. Nuestra reacción fue pensar que eso fue algo gracioso. Pero al detenerme a pensar cuántas veces hablo de esa manera, con palabras respetables pero con una actitud altiva y llena de orgullo mi corazón debería entristecerse.
¿Cuántas veces he fallado en este mandamiento? He pecado contra Dios al minimizar a mi esposo con mis labios principalmente. Y no he permitido que él desarrolle su rol de líder cuando interrumpo sus ideas indicándole que las mias son mejores. Proverbios 27:15 dice: «Gotera constante en día de lluvia y mujer rencillosa, son semejantes». Yo también, en ocasiones he fallado al no ser una fuente de consejo sabio, sino una gotera constante. He sido burlona de sus ideas y sueños y he minimizado su inteligencia.
En nuestra cultura, es muy normal el quejarnos y burlarnos de nuestros maridos. Pareciera normal, entre mujeres sentarnos a decir: «ay, no tienes idea lo que hizo mi esposo», como si estuviéramos hablando de nuestro hijo de tres años. Pero yo le fui dada a mi esposo para darle consejo sabio, para ayudarle a lograr sus objetivos, no para aplastarlo con mis palabras. Estos son pecados de los cuales debo arrepentirme. Y debo reconocer que cuando peco contra mi marido, peco principalmente contra un Dios santo.
¿Tú como yo, necesitas arrepentirte por amoldarte a esta cultura en lugar de amar el rol que Dios te dio? Oremos juntas:
Padre celestial,
Gracias por adoptarme como tu hija en Cristo. Gracias por el diseño tan hermoso que nos has dado de un matrimonio que ejemplifica a Cristo y a la iglesia. Perdóname por pecar contra ti y mi marido al no hacer caso de los mandamientos y roles que me haz dado como esposa. Perdóname por ofender y minimizar a mi esposo muchas veces con mis palabras, el tono de voz que uso y mi actitud de altivez. Perdóname por pecar contra ti, tu carácter santo y tu plan perfecto. Ayúdame a confiar que tu diseño y modelo de matrimonio es mucho mejor del que yo pudiera planear. Te pido que me ayudes a seguir tus mandamientos y a encontrar a otras parejas que ejemplifiquen un matrimonio como tu lo diseñaste: donde la esposa se somete a su marido como la Iglesia a Cristo.
En Su nombre oramos, Amén.
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