La Biblia es para mamás (parte 3)

Esta semana continuaremos estudiando Colosenses 3, examinando lo que el apóstol Pablo le está recordando a la iglesia en Colosas acerca de su identidad en Cristo. La semana pasada terminamos viendo la primera parte del versículo 16:

«Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes…»

Colosenses 3:16b

Compartí que cuando mis hijos eran pequeñitos, de 1 o 2 años, muchas veces pequé de impaciencia y egoísmo. Yo quería tener mi devocional o tiempo de estudiar la Biblia en tranquilidad y sin ser interrumpida. Pero, el Señor me tenía en esta etapa de mi vida y yo no podía controlar el minuto exacto en el que mis hijos se iban a despertar o necesitar un cambio de pañal.

Cuando abracé la verdad de que mis hijos no son interrupciones para mi crecimiento espiritual, sino el medio por el cual el Señor me está dando el crecimiento, mi manera de aproximarme a mi estudio bíblico cambió.

«Abraza esta etapa e incluye a tus hijos en esta práctica. Bendícelos a ellos al darles estas verdades bíblicas desde una temprana edad. Sí, te van a interrumpir, pero es posible perseverar. Tu vida no es tuya, deja que el Señor te use para bendecir a tus hijos en esta práctica».

Proclama el evangelio

«…con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones.»

Colosenses 3:16b

Nuestros hijos nacen siendo pecadores. Y tan pronto como puedan, lo mostrarán. Entonces, con cada acto de pecado, tenemos la oportunidad de contarles las malas noticias: el pecado nos separa de Dios. Pero también tenemos la maravillosa oportunidad de proclamar el evangelio, las buenas noticias: Dios envió a Su Hijo a ser propiciación por nosotros. Jesús tomó nuestro lugar viviendo la vida perfecta que nunca podremos vivir y pagó el castigo de nuestros pecados. ¡Qué gran regalo tenemos en la maternidad al poder decirles esta verdad a nuestros hijos una y otra vez!

Proclamamos el evangelio también cuando fallamos. Admitir nuestras faltas delante de nuestros hijos no debería intimidarnos. Al contrario, cuando pecamos en contra de nuestros esposos o hijos, deberíamos correr a la cruz, arrepentirnos y pedir perdón. Esta también es una gran oportunidad para decirle a nuestros hijos que nosotras somos pecadoras y también necesitamos al Salvador.

Hazlo todo para el Señor

«Y todo lo que hagan, de palabra o de hecho, háganlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de Él a Dios el Padre…Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.»

Colosenses 3:17, 23

Hacer todo en el nombre del Señor Jesús significa hacer todo de acuerdo a Su carácter, a Su voluntad, y por Su causa, Debemos de hacerlo con gozo, no como una obligación. Si sentimos que estamos haciendo este servicio de la maternidad con una actitud de irritabilidad, deberíamos detenernos y tomar un momento para orar y pedirle al Señor que nos dé gozo en la labor de este día.

En un día normal, tengo que detenerme muchas veces a orar y pedirle ayuda al Señor. Cuando mi hija mayor tenía 2 años y la estaba entrenando a ir al baño, mi hijo tenía solamente 4 meses. Estaba en una etapa en la que me despertaba cada 3 horas para darle de comer. Yo estaba agotada y mi paciencia era limitada. Tuve que detenerme, ir a mi cuarto a arrodillarme y orar por unos minutos pidiéndole al Señor que perdonara mi deseo de ser servida y no de servir. Necesitaba fuerzas del Señor para sobrevivir. Y cada vez que me detuve a pedir ayuda de Dios, Él contestó.

El Señor quiere que recuerdes que Él está disponible para escucharte y ayudarte en esta labor que Él te ha dado. No es una tarea pequeña, es una que tiene repercusiones eternas. Y Él quiere hacer el trabajo a través de ti. Solo debes depender de Él.

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