Nuestros hijos nacen siendo pecadores. Y tan pronto como puedan, lo mostrarán. Entonces, con cada acto de pecado, tenemos la oportunidad de contarles las malas noticias: el pecado nos separa de Dios. Pero también tenemos la maravillosa oportunidad de proclamar el evangelio, las buenas noticias: que Dios envió a Su Hijo a ser propiciación por nosotros. Jesús tomó nuestro lugar viviendo...