Nada me ha ayudado más en mi búsqueda de la santidad, en mi lucha contra mi pecado sino fijar mis ojos en el carácter santo de Dios. Ese es precisamente el tema del libro La santidad de Dios de R.C. Sproul. El notable pastor y maestro de la Biblia invirtió una gran parte de su tiempo estudiando acerca de la santidad de Dios, este era un tema que simplemente lo cautivó desde su conversión.
Una búsqueda incansable
En el primer capítulo de La santidad de Dios, R.C. Sproul recuenta que desde el momento en el que comprendió el evangelio y quiso seguir a Cristo, su deseo de conocer la santidad de Dios inundó su existencia: «Yo era un nuevo creyente. Mi conversión fue repentina y dramática; para mí fue una réplica del camino a Damasco. Mi vida había dado un vuelco y estaba lleno de celo por la dulzura de Cristo. Estaba consumido en una nueva pasión, por estudiar la Escritura, por aprender a orar, por conquistar los vicios que asaltaban mi carácter, por crecer en gracia. Quería desesperadamente hacer que mi vida contara para Cristo». 1

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A partir de esa conversión al evangelio, después de ver su estado de pecaminosidad y su necesidad de un Salvador, el joven muchacho se dedicó a aprender y posteriormente a enseñar extensivamente acerca del carácter santo de Dios. El libro continúa explicando las asombrosas confrontaciones que tuvieron algunos grandes hombres de la Biblia con la presencia del Señor y explica la reverencia y temor que experimentaron estos hombres, misma reverencia que tu y yo le debemos al Creador del universo.
«Aquel que tiene el poder de ser todo por sí mismo. Solo Él es eterno. Solo Él tiene poder sobre la muerte. Solo Él puede traer mundos a existencia por fíat, por el poder de Su mandato. Tal poder es asombroso, impresionante. Es merecedor de respeto y humilde adoración.»2
Más que un atributo
Sproul nos muestra cómo la santidad de Dios no es simplemente un atributo, sino su misma esencia. Todo lo que Dios es, es santo. Y ninguna otra característica de Él se compara a Su santidad: «Solo una vez en la sagrada escritura se eleva un atributo de Dios al tercer grado. Solo una vez se menciona una característica de Dios tres veces seguidas. La Biblia dice que Dios es santo, santo, santo. No que Él es simplemente santo, ni tampoco santo, santo. Él es santo, santo, santo. La Biblia nunca dice que Dios es amor, amor, amor; o misericordia, misericordia, misericordia; o ira, ira, ira; o justicia, justicia, justicia. Dice que es santo, santo, santo, que toda la tierra está llena de Su gloria.»3
Dios es un Dios santo, pero a la vez es un Dios de amor, un Dios que no nos da lo que merecemos: castigo, rechazo, abandono. Él ve nuestro estado de debilidad y acude a nuestro rescate. El Señor Jesucristo vino a tomar ese lugar que merecíamos de castigo para ser nuestro sustituto y recibir la ira de Dios. Todo aquel que pone su confianza, su fe en Él obtiene el regalo del perdón y la vida eterna.
Un llamado para todos
El autor nos invita a adentrarnos al tema de la búsqueda de Dios y de Su santidad al ayudarnos a ver que es posible conocer a este Dios que ya se ha revelado:
«La santidad de Dios no es un secreto oscuro o arcano que puede ser descubierto solo por un grupo espiritual élite. Más bien, la santidad de Dios se exhibe diariamente para que todos la vean».4

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La búsqueda de la santidad es una tarea imposible bajo nuestras propias fuerzas, pero Dios ha provisto una manera de encontrarla a través de Su Hijo. «Amar a un Dios santo está más allá de nuestra capacidad moral. El único tipo de Dios que podemos amar con nuestra naturaleza pecaminosa es a un dios profano, un ídolo hecho con nuestras propias manos. A menos que seamos nacidos del Espíritu de Dios, a menos que Dios derrame Su amor santo en nuestros corazones, a menos que Él, en Su gracia, se incline a cambiar nuestros corazones, no lo amaremos. Él es quien toma la iniciativa de restaurar nuestras almas. Sin Él, no podemos hacer nada justo. Sin Él, estaríamos condenados a la separación eterna de Su santidad. Podemos amarlo solo porque Él nos amó primero. Amar a un Dios santo requiere de gracia, una gracia lo suficientemente fuerte como para atravesar nuestros corazones endurecidos y despertar nuestras almas moribundas».5
«Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe». Efesios 2:8-9
Si eres un creyente del evangelio y quieres conocer más acerca del carácter santo de Dios, o si aún no has abrazado el evangelio, pero quieres explorar el tema, te invito a leer La santidad de Dios por R.C. Sproul, publicado por Ministerios Ligonier y editorial Poiema.
Referencias
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