El Salmo 127 nos pinta una imagen vívida de la bendición que son los hijos:
«He aquí, herencia de Jehová son los hijos,
Cosa de estima el fruto del vientre.
Como saetas en mano del valiente,
Así son los hijos habidos en la juventud.
Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos». (Salmos 127:3-5a RVR60 énfasis añadido)
Muchas veces la maternidad no se siente así. Por eso te animo a tomar un momento en oración para pedirle a Dios que te muestre si hay algún pecado del cual debes arrepentirte o alguna verdad que debas recordar y aplicar en tu maternidad.
Los hijos son Su creación más preciada
Si eres madre, Dios ha puesto en tus manos Su más preciada creación. Desde Génesis 1 podemos observar que la culminación de la creación de nuestro Dios son las personas (Gen 1:28). Más adelante, en Génesis 3:15, donde se registra el primer evangelio, la promesa es que Dios destruirá el poder de Satanás a través de un descendiente de Eva: un humano. A partir de entonces, durante cada embarazo, las mujeres seguramente se preguntaron: «¿seré yo la portadora del Salvador que le fue prometido a nuestra madre Eva?» (Gen 1:31; 3:15)
A través del resto del Antiguo Testamento vemos que la posibilidad de criar hijos siempre fue considerada una bendición y la maternidad siempre fue vista como una ocupación de alta estima para el pueblo de Israel. Estas mujeres apreciaron ser parte del plan de Dios para Su pueblo y consideraron como privilegio el ser portadoras de la promesa de Dios a Abraham de multiplicar su descendencia (Gen 15:5; 17:6; 22:17-18).
Dios es el más interesado en ayudarnos
Así como la maternidad es un regalo y un privilegio, también es una responsabilidad enorme. Pero, en esta tarea tan grande que nos ha sido dada por Dios, Él no quiere dejarnos desamparadas para que la realicemos por nuestras propias fuerzas. Nuestro Señor, Rey del universo, y Creador de estos pequeñitos, nos observa y desea otorgarnos Su ayuda. Dios es el más interesado en el bienestar de nuestros hijos, mucho más de lo que nosotras mismas podamos estarlo.
Como dice el autor Paul David Tripp en su libro La crianza de los hijos: «Dios sabía que nuestra vocación sería tan grande y nuestra debilidad tan profunda que lo único que podría ayudarnos era Él mismo…Este Dios que tiene la capacidad de hacer cosas que van mucho más allá de lo que puedes concebir, que tiene una sabiduría perfecta y una fuerza ilimitada, ahora mismo vive dentro de ti…realmente vive dentro de ti. Realmente no estás [abandonada] a ti [misma]. Y no te dará la espalda hasta que lo que te ha llamado a hacer como [madre] se haya completado».
Dios realmente quiere ser nuestro amparo, nuestra fortaleza y nuestro pronto auxilio en nuestra maternidad. Podemos venir a Su presencia a pedirle la ayuda necesaria confiadas que Él nos escucha y quiere responder (Sal 46:1; Heb 4:16).
Somos mayordomos de algo que no nos pertenece
La parábola de los talentos nos enseña lo que significa ser buenas administradoras de lo que Dios puso bajo nuestro cuidado: nuestros hijos. Esta parábola fue contada por Jesús a sus discípulos y la puedes leer en Mateo 25:14-30.
La historia dice algo así: Había una vez un amo que decidió salir de su casa por un tiempo. Antes de hacerlo llamó a tres de sus siervos. A uno le dio cinco monedas, a otro le dio dos y al último le dio una. No les dio más indicaciones. Al regresar mandó llamar a sus siervos, preguntándoles por su dinero. El primero le regresó diez monedas y el segundo le dio cuatro, el doble de lo que habían recibido. Ambos siervos tomaron el dinero y lo invirtieron, aprovecharon las oportunidades disponibles y obtuvieron una ganancia del 100%. Pero el tercer siervo llegó ante su amo, probablemente avergonzado y cabizbajo diciendo que como sabía que el amo era severo, tuvo miedo y lo que había decidido hacer fue esconder el dinero. Ante tal confesión, el amo respondió con enojo y condenación.
El Señor Jesús contó esta parábola refiriéndose al reino de los cielos. El amo representa a Dios y los siervos a sus discípulos, nosotros. Los primeros dos siervos tomaron lo que Dios les había dado e hicieron con eso lo mejor que pudieron. Lo pusieron a trabajar, tomaron riesgos, fueron valientes. El siervo que recibió dos monedas no se sentó a compararse con el que recibió cinco, ni a quejarse por tener menos; él hizo su mejor esfuerzo, con gozo y con la mejor actitud. A estos dos siervos el amo les dijo alegre: «buen siervo y fiel».
Fidelidad a Dios
Y eso es exactamente lo que deseo que Dios me diga cuando me encuentre cara a cara con Él. La maternidad es una tarea que recibimos para administrar correctamente. Y una de la cual vamos a rendir cuentas al final de nuestra vida. Quiero que Dios me considere fiel a Su llamado.
El pastor Miguel Núñez define fidelidad en su libro Por el poder del Espíritu de la siguiente manera: «Ser fiel implica creerle a Dios a pesar de las consecuencias…la fidelidad tiene un alto costo. Ser fiel implica creerle a Dios aun cuando no hay evidencias. Ser fiel implica dejar lo familiar y lo seguro…Ser fiel implica caminar con Dios en obediencia por un largo tiempo…Requiere abrazar una vida de siervo como lo hizo Cristo. Existimos para servir a Dios, pero la única manera de servir a Dios es sirviendo a los hombres. Cuando faltamos a nuestro llamado, faltamos a Aquel que nos llamó y eso sería infidelidad de nuestra parte».
Es un privilegio poder ser un instrumento en las manos de Dios a través de la maternidad para moldear hombres y mujeres hechos a Su imagen para instruirlos, nutrirlos, educarlos, amarlos y ayudarlos a crecer. Dios quiere que atesoremos este rol, quiere que seamos fieles y Él quiere ser nuestro Ayudador.
Dios no te llama a ser super mamá, Él te llama a ser fiel.
-Ana Robinson
Si quieres recibir más contenido como este en tu correo electrónico, déjame tu dirección en la forma de abajo.
Me ha confrontado tu escrito. Nací en una familia cristiana pero mi padre nos crió severamente. Intento no ser como él con mis hijos pero de vez en cuando pierdo la paciencia y me veo como mi padre. Conozco a Dios y esto ha sido un toque para rendirle mi pasado y dejar que Él me ayude a criar a mis hijos. Gracias de verdad. Dios te bendiga Ana.
Querida Ester, oro que el Señor continue haciendo Su obra transformadora en ti. Cuando estás arraigada a Su Palabra, Su Espíritu va transformándote más y más. Cuando pecas en contra de tus hijos, corre a Él lo más pronto posible en arrepentimiento. Él es fiel y justo para perdonarte y limpiarte (1 Juan 1:9). Y aléjate de tu pecado, es posible vencer contra nuestra maldad cuando dependemos del poder de Dios.
Hermoso. Gracias por recordarnos esta bendición de la maternidad y la necesidad de depender de Dios para poder llevarla a cabo. Podemos ser fieles porque Él nos ayuda.
Gracias por leerme, Mónica. Me alegro escuchar que fue de bendición.