¡Que libertad, que gracia!

¡Que libertad!
¡Que gracia!
No tengo que ser perfecta
Tu ya lo fuiste

Soy toda aceptada
Fuiste rechazado
Fuiste traicionado
Soy completamente amada

Por siempre una hija
Por siempre en la Luz
Por siempre adoptada
Por siempre viva

Por siempre perdonada
Ahora siendo restaurada
Hasta que ese dia venga
Cuando no pueda pecar mas

Ana Robinson

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Ocho años

Ocho años. No he llegado aún. Pero Dios me ha permitido ver su gracia.

Ha sido solo por nuestras debilidades y necesidades que hemos tenido que venir a El y buscar de su ayuda. ¡Y el ha sido bueno! Estas son solo algunas lecciones que he aprendido en este tiempo.

  1. John no es un buen dios: solo Dios puede satisfacerme completamente, comprenderme y llenarme de gozo. Temprano en mi matrimonio me di cuenta que no podía venir a John con cada dificultad emocional y esperar que el me diera perfecto ánimo, consejo y paz. Le doy gracias a Dios por el tiempo en el que mi esposo simplemente me dijo que el no podía cargar con todo ese peso.
  2. ¡Callarme y orar!: Yo no tengo ningun poder para cambiarlo a el, ¡pero Dios sí! Hay muchas cosas que tengo que hablar con el. Pero cuando siento el deseo de regañarlo o mandarlo, es mejor callarme.
  3. Orar: sé que dije “orar” ahí arriba. Pero ¡que gran recurso es la oración! El Espíritu Santo me escucha y le habla a el tambien. Puedo ver a Dios trabajando en mi esposo mucho más cuando dedico tiempo específico para orar por el.
  4. Escuchar: No hay nada que le disguste mas a mi esposo que el que yo le interrumpa cuando habla. Es como decirle “¡esperate! lo que yo tengo que decir es mas importante”. Esto es algo con lo que tengo que trabajar activamente. No estoy bien ejercitada, pero estoy empezando a entrenarme. Espero poder hacerlo después en “automático”.
  5. Dar de mi tiempo: tengo muy poco “tiempo libre”, especialmente con niños pequeñitos. Es un sacrificio, no le quiero dar a mi esposo mi tiempo y atención, pero lo necesita. Le pido a Dios que me dé sensibilidad y mas cariño por el.

Yo soy egoista y buscaría solamente mis propios deseos, sueños e intereses. Pero El me dá mas de El cada día y solamente de ahí se renueva mi deseo de amar a mi “prójimo” (mi esposo, mis hijos, mi familia, etc.)

“Aquél, respondiendo, dijo:  Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.” Lucas 10:27

¡Jesus lo hizo!

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