¿De qué se trata Levítico?

De primera instancia creerías que el libro de Levítico se trata de las leyes dadas a los sacerdotes para realizar sus rituales y sacrificios. Y sí, de eso se trata.

Entonces pensarías: ¿que tiene que ver eso conmigo, con la manera en la que adoramos en el siglo XXI o con la manera en la que recibo el perdón de pecados después de la muerte, vida y resurrección de Jesucristo?

Pues aquí están tres lecciones que aprendí de este libro:

1. Levítico es un libro que se trata de Dios

Comencé a leer Levítico esta vez resaltando las frases en las que se encuentra contenida la palabra “Jehová” o “Dios”, y encontré grandes riquezas en estos pasajes.

“Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.” Levítico 9:24

¿Te puedes imaginar lo que pensó la gente al ver el fuego? Dios se manifestó de una manera que era visible para las personas. Dios mostró su poder, pero también su interés en estar presente entre su pueblo.

Me sorprendió cuántas veces es mencionado “Dios habló”, “Dios habló a Moisés” (Levítico 6:1, 8, 24; 7:22, 28; 8:1), “Dios dijo”.

2. El sistema de sacrificios apunta hacia el sacrificio definitivo: Jesucristo

Dios nos muestra su gran amor al proveer de una manera de reconciliarse con nosotros. En el antiguo testamento fue a través de sacrificios, ofrendas y rituales. Pero todos ellos apuntan hacia el sacrificio definitivo: Jesucristo.

“Porque convenía que tuviéramos tal Sumo Sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores, y exaltado más allá de los cielos, que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo. Porque esto Jesús lo hizo una vez para siempre, cuando El mismo se ofreció. Porque la Ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la Ley, designa al Hijo, hecho perfecto para siempre.” Hebreos 7:26-28 NBLH

3. Podemos y debemos buscar la santidad como Dios lo indica.

El nos ha hecho suyos y los suyos buscan agradarle.

“Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.” Levítico 11:45

Esta no es una indicación solo para el antiguo pueblo de Dios, sino para nosotros también. Observa cómo el apóstol Pedro cita este mismo versículo:

“Como hijos obedientes, no se conformen a los deseos que antes tenian en su ignorancia; sino que así como Aquel que los llamó es santo, así también sean ustedes santos en toda su manera de vivir. Porque escrito está: ‘SEAN SANTOS, PORQUE YO SOY SANTO.’ ” 1 Pedro 1:14-16 NBLH

¡Ayúdame a odiar mi pecado, oh Señor, como tu lo odias!

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