En la neblina de los primeros años de la maternidad, podríamos sentirnos confundidas y ser tentadas a pensar que la Biblia no dice mucho acerca de nuestros roles. Es verdad que no vemos listas extensivas de mandamientos o tareas específicas para mamás. Pero cada llamado de nuestro Señor a actuar de cierta manera hacia nuestro prójimo, es un llamada a actuar de cierta manera hacia nuestros hijos. Esos llamados a amarnos los unos a los otros, a perdonar, a ser pacientes, etc. todos son aplicables a la maternidad. Y si vemos la maternidad con los «lentes» de «hacer todo como para el Señor», encontraremos aún más mandamientos qué obedecer y actitudes qué imitar.
Busca las cosas de arriba
En esta ocasión analizaremos el capítulo 3 del libro de Colosenses. Aquí, el apóstol Pablo comienza diciendo que si hemos puesto ya nuestra fe en Jesucristo, nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos creído que Su sacrificio en la cruz fue suficiente para pagar el castigo que merecíamos, entonces, también hemos muerto con Cristo. Hemos muerto a nuestros pecados y hemos resucitado con Él. Ahora estamos vivas en Él, ¡vivas para buenas obras!
«Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios.»
Colosenses 3:1-3
Si estamos en Cristo, hemos muerto a nuestros pecados. Pero todavía estamos en estos cuerpos que no están completamente libres del pecado. «¿Como así?» dirías. Lo que pasa es que Cristo ya venció el poder del pecado, pero todavía estamos en la presencia del pecado. Cristo resucitó y cuando Él regrese, ahora sí estaremos libres de la presencia del pecado. Pero, mientras esperamos, continuaremos luchando contra nuestro propio pecado. (Ro. 7:24)
«Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria.»
Colosenses 3:4
Haz morir tu naturaleza terrenal
Pablo continúa diciéndonos, que siendo que ya hemos muerto a nuestros pecados, debemos continuar mortificando nuestro pecado. Pablo nos da una lista de algunos pecado prevalentes de los cuales debemos deshacernos: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos, avaricia, enojo, ira, malicia, calumnia y lenguaje obsceno. (Colosenses 3:5)
«…Pero ahora desechen también todo esto: ira, enojo, malicia, insultos, lenguaje ofensivo de su boca. Dejen de mentirse los unos a los otros, puesto que han desechado al viejo hombre con sus malos hábitos, y se han vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando hacia un verdadero conocimiento, conforme a la imagen de Aquel que lo creó.»
Colosenses 3:8-10
Cuando hablamos del enojo, nos referimos a un enojo pecaminoso. Esos momentos en los que reaccionamos porque nuestros derechos han sido pisoteados. Cuando nuestros hijos ensucian algo o rompen algún objeto por accidente. O cuando, si somos honestas, nos enfadamos con ellos porque preferiríamos hacer algo diferente a cuidar a niños pequeñitos, ruidosos y sucios.
Emily Jensen dice en este artículo: «Cuando busco castigar o controlar a mis hijos con palabras duras, solamente porque no están comportándose exactamente de la manera en la que quiero, necesito llamar a mi respuesta por su nombre. No es un mal día. No es una falla como mamá. No es una broma. Es pecado.»
Y si Dios le llama a esto pecado, no debo ignorarlo. Necesito arrepentirme inmediatamente y pedirle al Señor su perdón. Jesucristo ya pagó por mis deudas en la cruz, y fue un pago costoso. Al arrepentirme, puedo caminar en libertad y confianza de que Él ya no piensa más en mi pecado. Yo tampoco debo seguir caminando en la culpa. Pero sí debo caminar en un deseo de no volverlo a hacer.
Revístete de santidad
En el verso 12, Pablo ahora nos dice con qué practicas y actitudes nos debemos «revestir»como nuestra nueva manera de vivir:
«Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes. Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad.»
Colosenses 3:12-14
Algunos autores le han dado por título a esta sección «Vístanse de la gracia de Dios» o «Pónganse la nueva naturaleza». Si estamos en Cristo, si ya somos santas, separadas para Su gloria, debemos imitarle al vestirnos con toda esta lista de actitudes. Vamos a darle un vistazo más detenidamente:
- tierna compasión
- bondad
- humildad
- mansedumbre
- paciencia
- soportándose
- perdonándose
- vistiéndote de amor
¿Cómo se vería nuestro día si recordáramos que estos son mandamientos de nuestro Señor que debemos obedecer? ¿Cómo serían bendecidos nuestros hijos al tener madres que muestran estas características? ¿Cómo podemos mostrarles a Cristo a nuestros hijos al practicar estas cosas de una manera tangible para ellos y para nuestros esposos?
¡No es por nuestras propias fuerzas! Es solo por el poder del Espíritu de Dios que mora en nosotras como creyentes y quien está trabajando en nosotras a través de Su Palabra. (Efesios 3:14-19) Observemos unos cuantos versículos antes en nuestro pasaje:
«…habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno.»
Colosenses 3:9b-10
Estamos siendo renovadas en conocimiento. Nos vestimos de estas características al conocer a nuestro Señor, a través de Su Palabra. El mismo Jesús oró al Padre pidiéndole que nos santificara en Su Palabra. (Jn 17:17; Salmos 1:2,3; 119:105)
Nosotras también podemos y debemos pedirle en oración que nos santifique y haga más como Cristo en esta gran misión que nos dio de ser madres.
Oración
Padre,
Gracias por la labor tan hermosa y difícil que me haz dado de la maternidad. Ayúdame a mostrar el carácter de Cristo, a reconocer mi pecado, a ser humilde cuando fallo, a tratar a estos pequeñitos como si fueran el mismo Jesús (Mateo 25:40, 45; Lucas 9:48). Ayúdame a no olvidar que este es tu trabajo a través de mí. Cambia mi mente y mi forma de instruir por tu forma de instruir: compasiva, lenta para la ira y grande en misericordia (Éxodo 34:6). Ayúdame a continuar revistiéndome de santidad en esta tarea de la maternidad.
En el nombre precioso de Cristo,
Amén.
Si quieres recibir más contenido como este en tu correo electrónico, déjame tu dirección en la forma de abajo.
Un comentario sobre “La Biblia es para mamás (parte 1)”