Un día difícil no es un día fallado

Esa mañana hice todo perfecto. Todo. Como nunca. Me desperté temprano, preparé mi cafe, oré con mi esposo. Preparé desayuno para toda la familia: cereal para mi niña, huevos revueltos para mi esposo y para mí, panqueques en forma de ratón para mi hijo.

Con la mejor actitud levanté a mis hijos de la cama. Con abrazos y besos les ayudé a ir a la mesa a comer su desayuno. Preparé sus mochilas con sus notas revisadas y firmadas, sus botellas de agua limpias y llenas, sus cajitas de “snacks”…todo. Lo hice todo bien y con la mejor actitud.

Y llegamos a la escuela…y todo se derrumbó. Mi hijo hizo el berrinche de la semana. La maestra tuvo que sacarlo del carro mientras él lloraba protestando ¡no!. Por el espejo retrovisor pude ver cómo se tiraba al piso mientras la Señora Ramos cuidaba que no se lastimara…y lentamente salí del estacionamiento.

Mi primer pensamiento fue: ¿qué hice mal? ¡Debo analizar bien todo lo que pasó esta mañana para ver quién tiene la culpa y qué es lo que se tiene que cambiar! Esta mañana no estaba mi suegra consintiéndolo, no puedo culparla a ella. Esta mañana mi esposo no estaba a cargo de ayudar a mi hijo a ponerse su ropa y lavarse los dientes, él no es el culpable. ¡Entonces debo ser yo! ¡Algo hice mal yo!

La maternidad es un proceso, no un evento

No, no lo hice mal. Precisamente el día anterior el Señor me había confrontado con su Palabra:

1era de Juan 1: 8 y 10 enseñan que si digo que no le fallo a Dios y a las personas, me engaño a mí misma. Es verdad que me equivoco, que fallo, peco por pereza, por orgullo, etc. Pero ¿puedo asumir que falle porque en este día las cosas no salieron bien?

Debo recordarme una y otra vez que la maternidad no es un evento, sino un proceso. Pequeñas acciones en la dirección correcta sin resultados visibles a corto plazo. Pero es mi responsabilidad, llamado, y gozo el ser madre de estos niños.

Bob Kauflin dice en su libro Nuestra Adoración Importa: “Dios no nos ha llamado a ser exitosos o populares, Él nos ha llamado a ser fieles”. Creo que esto se aplica a la crianza también.

No necesito cambiar de estrategias al momento de no ver resultados. No necesito culparme cuando no he pecado. Créeme, ya habrá muchas oportunidades para ver mis errores, arrepentirme y pedir perdón. Pero no debo dudar de que estoy haciendo mal mi trabajo como mamá cada vez que mis hijos desobedecen o hacen un berrinche.

Un día difícil no es un día perdido

Este día, no fue perdido. ¡Tuve muchas victorias!

  • Mostré gozo en lugar de quejarme
  • Discipliné a mis hijos fielmente
  • Les ayude con sus tareas.

A pesar de tener deseo y excusas suficientes como para darme por vencida y dejarlos ver tv todo el día para no tener que involucrarme, continué haciendo lo que tenía que hacer. Pero mucho más importante que disciplinarlos, educarlos y aún mostrar el fruto del Espíritu en las situaciones difíciles, tuve oportunidad de comunicar el evangelio.

Un día difícil nos da oportunidades de comunicar el evangelio

En este mismo día, hubo otra situación con mi hija. En el mismo día.

Honestamente, no sé qué tanto se le grabó. Y no se que tan genuina fue su oración pidiéndole perdón a Dios. Pero pude comunicarle que yo hago cosas malas todos los días. Porque, aunque soy una nueva criatura, todavía tengo una naturaleza pecaminosa. Pero puedo venir confiadamente a mi Creador y buscar el perdón necesario.

“Si confesamos nuestros pecados, Él les fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9 NBLA

¡Y qué gran privilegio es el poder comunicar esta verdad a quién más amo! Una y otra vez. Qué gran gozo el ser presentada con dificultades y oportunidades para decirle a mi hija que ella es pecadora y que por eso mismo Dios envió a su hijo Jesús, ¡para perdonarla a ella!

Así es que al final del día, cuando ya estos pequeños tornados están durmiendo. En lugar de sentirme aplastada, puedo darle gracias a Dios:

Padre:
Gracias por cada oportunidad de crecer en gracia y parecerme más a Cristo. Gracias por cada oportunidad de comunicar la verdad. Haz crecer la semilla del evangelio en sus vidas.
En el nombre de Cristo, Amén.

¿Puedes identificar algunas dificultades en tu crianza y usarlas como oportunidades para crecer en madurez o para comunicar el evangelio a tus hijos? Déjame un comentario. Me gustaría leerte.

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