Hoy en la mañana estaba orando pidiéndole a Dios que me ayudara a confiar en Él y no obsesionarme con mis hijos. A no hacer ídolos de ellos. Pero a mitad del día mi oración fue totalmente diferente:
Dios, ayúdame a amar a mis hijos como tú los amas. Ayúdame a mostrar misericordia y gracia como tú lo haces conmigo.
Ayúdame a ser amable, paciente, gozosa…lenta para la ira.
«Más tu Señor, Dios misericordioso y clemente. Lento para la ira y grande en misericordia y verdad.»
Salmos 86:15
Oración:
Ayúdame a recordar que el aprender a obedecer no es algo natural. Que sus corazones tienen que ser transformados por tí. ¡Transforma sus corazones! Rompe el poder del pecado en ellos. Hazles comprender que son esclavos del pecado y necesitan que tú los rescates.
¡Qué gran privilegio me has dado de poder guiarlos! Ayúdame a ser paciente en el proceso que estás llevando a cabo en ellos. Ayúdame a ser diligente en enseñarles la verdad.
Dáme un corazón de servicio. Ayúdales a entender que tú eres el único Rey. Y en las situaciones de caos, ruido, desobediencia o rebeldía, ayúdame a confiar que tú estás haciendo el trabajo en ellos.
En Cristo, Jesús. Amén.
Esta es mi oración, que yo no me vea como mejor que ellos. Que yo también recuerde que yo he sido rescatada de mi propia rebeldía y en agradecimiento pueda ser paciente en el proceso de su rescate.
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